Es de todos conocido que a nivel climático tanto en España como en el resto del mundo, algo está cambiando, pues los veranos son cortos y calurosos y los inviernos tienen manifestaciones poco previsibles, como 20 días lloviendo continuamente y olas polares de frío que vienen de las tierras del Norte y del Atlántico. En estos días tenemos una ola fría que ha dejado cubierta de nieve desde la playa de La Concha en San Sebastián hasta todo el Sudeste Mediterráneo, justamente donde nos encontramos.
Este pasado sábado a pesar de estar sepultados en nieve, decidí salir por la ruta más conocida de toda Sierra Nevada, la denominada Vereda de la Estrella. He realizado esta ruta decenas de veces: unas como entreno, otras como paso para la zona más dura de toda la cordillera, y otras paseando, para puro disfrute de sensaciones: en primavera-verano con todo el despertar de flores y torrentes; o en otoño con todo el cambio de tonalidades de castaños y robles.

Es realmente la ruta más bella y más clásica de Sierra Nevada.
Me dirijo a mi punto de partida, la Vegeta de Caracol o Barranco de San Juan, y me encuentro el primer inconveniente, no se puede llegar, un desprendimiento a la altura del Charcón me impide el acceso. Estaba advertido por el amigo José Cesar, pero insistí porque conozco bien la zona y hay veredas y recorridos alternativos.

Dejo el coche en la confluencia del río Maitena con el río Genil donde hay un buen restaurante y donde se pueden cargar las pilas a la vuelta con una buena cerveza (s/alcohol).
Estamos a -7,5 ºC, son las 9 de la mañana y todo está absolutamente helado. Empiezo a correr por la carretera de acceso a la vereda y a un km. nos desviamos por la carretera que se dirige al Hotel del Duque.
Empiezo a subir y me resbalo constantemente, menos mal que llevo mis mini-crampones para las zapatillas, que compré hace dos años y que tan solo he usado 2-3 veces. Es realmente un gustazo correr con ellos pues primero no se nota para nada que los llevas puestos, son cómodos, fáciles de poner y quitar, y sobre todo muy ligeros. Además como siempre económicos (solo 19€ en Decathlon).

Sigo corriendo unos 2,5 km. y me desvío a la izquierda por una vereda de tierra hacia una pequeña casa abandonada que nos desemboca directamente en el acceso a la Vereda de la Estrella.
Hemos tenido que dar un rodeo de 4 kms. pero ha valido la pena. Accedemos definitivamente en la Vereda, por una zona completamente nueva para mí, donde hay que pasar dos puentes colgantes y el propio río San Juan.

Es ahora cuando cogemos la conocida vereda de la Estrella, si bien ya voy con nieve hasta los tobillos.
La temperatura parece que sube un poco, pero sigue haciendo mucho frío.
La nieve se descongela en mis zapatillas y va inundando la punta de mis pies. Empiezo a no sentir los dedos, y es mucha la nieve que me voy encontrando.
Aún así la ruta es genial, el silencio es sacro, y en todo momento se escucha "el ruido del silencio". El saber que voy solo por un sitio tan transitado por excursionistas y alpinistas, me causa por momentos una sensación de éxtasis total. Como dice un proverbio chino "no rompamos el silencio si no es para mejorarlo".
Solo veo delante de mí huellas de cabras monteses y el sol empieza a hacer aparición. La ruta está siendo magnífica, y voy viendo carámbanos de hielo en todas las curvas de la ruta. Da un poco de reparo pasar por debajo de ellos, porque en algunos lugares veo algunos caídos en el suelo, y tienen un tamaño como para abrirte la cabeza.
Sigo por la ruta y llego a una curva que es una ventana a las montañas, aparece frente a mí la Alcazaba y el Mulhacén repletos de nieve. Continuo hasta las minas de la Justicia, Minas de la Estrella y a la confluencia del río Guarnón, donde

doy por finalizada mi primera parte de la ruta. Los dedos de los pies me están matando de frío, no siento para nada los dedos y la nieve ya me pasa de los tobillos en todo momento.
Han sido 12 kms llenos de nuevas sensaciones por una ruta conocida pero re-descubierta dentro del marco blanco de la nieve. Solo queda darnos la vuelta volver por el mismo camino y hacernos otros 12 kms.
Guardo mi cámara de fotos pues ya he hecho todas las fotos en todos los rincones interesantes de la ruta. Pero no ha terminado todo, por un momento empiezo a ver en la senda un número mayor de pisadas de cabra, y a la vuelta de una curva llega la sorpresa mayúscula: un macho de cabra hispánica, como jamás había visto, su cornamenta me hace pensar que puede tener 10-12 años.
He visto muchas cabras hispánicas pero esta es majestuosa, es realmente increíble. Me paro de inmediato saco mi cámara y disparo.
Aquí está el resultado.

Opino que por el efecto de la nieve y frío, este ejemplar habrá bajado buscando alimento, ya que no es normal ver machos a tan poca altura (sobre los 1.800 m), suelen estar en las faldas del Mulhacén, en el Corral del Veleta y en los Tajos de la Virgen, pero no aquí.
Llego a mi coche con dos satisfacciones, una con la del entreno matutino realizado (24 kms, desnivel + 700 m), y otra como decía al principio con la sensación de haber descubierto un ruta ya conocida. Mi coche sigue marcando en el termómetro -3ºC, con lo cual hemos hecho toda la ruta bajo cero, pero nos queda la recarga de pilas en el mencionado restaurante, de una buena cervecita (s/alcohol) y con una buena tapa de choricito a la brasa. Esto si que es una buena bebida isotónica con una barrita energética y no las de ISOSTAR o OVERSLIM.
Tengo más fotos si queréis verlas la subo a PICASA.